Otro día, mi amor… hoy no tengo ganas: cómo recuperar el deseo sexual
No es que no l@ ames ni que no l@ admires… el problema es que ya no sientes deseo sexual de estar con él o con ella. Es un problema muy común, más de lo que imaginas, pero eso no significa que debas tomarlo como “normal” o como una etapa más de la pareja. En realidad es un enemigo silencioso que puede traer tensiones, frustraciones e infidelidades, y terminar con tu relación. Como dice la famosa sexóloga puertorriqueña Alessandra Rampolla: “El buen sexo no hace un matrimonio, pero el mal sexo (o la falta de él) sí lo puede destruir”.
¿Qué es lo que pasa?
Las parejas vuelven rutina la sexualidad y, claro, con el tiempo cansa hacer la “tarea” todos los días a la misma hora y en el mismo lugar. Con los años, la rutina hace que se pierdan la magia, la pasión, la locura y la creatividad en la cama: esos personajes invisibles que nos dan el antídoto para no matar la pasión.
La falta de deseo puede tener muchas causas:
- Físicas: desbalances hormonales, embarazo, problemas de tiroides, alcohol o drogas, algunos medicamentos.
- Psicológicas: traumas, violencia, humillaciones, experiencias negativas con el sexo, una educación sexual negativa o moralista, la religión, el miedo al embarazo, la falta de atracción por la pareja o problemas en la relación.
- Malas experiencias sexuales: a veces las ganas se pierden porque el sexo dejó de ser agradable. Se vive como algo vacío o incluso doloroso: relaciones por obligación, dificultad para llegar al orgasmo, dolor en la penetración (vaginismo), frustración por la eyaculación precoz o diferencias en la frecuencia sexual que cada uno desea.
Muchas veces la queja viene de las mujeres: sus parejas no saben estimularlas ni conocen sus zonas erógenas. Y la respuesta de la pareja es que ella es “frígida”. Pero no hay mujeres frígidas: hay mujeres que no fueron bien exploradas ni estimuladas.
La autoestima también juega un papel muy importante. Cuando estamos muy preocupad@s por nuestro aspecto, nos cuesta disfrutar. ¿La solución? Aprende a sonreírle a ese enemigo que aparece acechando en el espejo… y aniquila el complejo. Cada cuerpo es como es, con sus virtudes y defectos: ámate y acéptate. La sensualidad es una combinación de elementos, y la actitud es uno de los más importantes.
Lo importante es tener verdadero interés en resolver la situación e identificar la causa para ponerle solución lo antes posible.
Si el problema es la rutina, ¿qué podemos hacer?
Primer paso: cambiar cómo vemos el sexo. No debe ser una obligación para complacer al otro ni algo rígido y lleno de normas. El sexo es un encuentro, una actividad que nos genera placer y que se disfruta. Mientras exista ese espíritu, vas a disfrutar más con tu pareja.
Segundo paso: la comunicación. Hablen abiertamente de la situación: reconocer que hay un problema es esencial para poder solucionarlo. Y hablen también de lo que les gusta y lo que no.
Tercer paso: salir por completo de la rutina. Repetir lo mismo una y otra vez termina aburriendo. No se trata solo de probar posiciones nuevas: planeen un encuentro especial, prueben lugares nuevos dentro y fuera de casa, usen aplicaciones y juegos, juguetes sexuales o técnicas eróticas poco convencionales (¿ya probaron el BDSM?). La idea es darle un nuevo giro al sexo para recuperar el deseo y las ganas de estar juntos.
El órgano sexual más importante es el cerebro
La imaginación es parte fundamental del sexo, así que úsala para darle más placer a cada encuentro. Jugar a cumplir fantasías siempre es una gran idea, mientras los dos se sientan cómodos. Hay juegos muy sencillos y estimulantes, como el juego de roles o el dirty talk, que pueden reavivar la pasión. Jueguen sin “evaluar”: lo importante es el camino, no la meta.
Estimula los sentidos. A veces es bueno anular uno para que los demás estén más despiertos. ¿Ya intentaste vendarle los ojos y pasar un hielo por su cuerpo, o unas gotas de vela especial para masajes de baja temperatura? ¿O simplemente darle un espectáculo con un baile sexy? (Si te hacen falta unas copitas de valor, con moderación, ¡adelante!).
Llevar una vida saludable también ayuda a que el deseo esté en su punto: alimentarse bien y hacer actividad física.
Y por último, busca ayuda. Nunca está de más: hay sexólogas y sexólogos que pueden darte una mano. No le restes importancia, porque puede volverse algo más serio. ¡Recupera tus ganas!
Tanto hombres como mujeres pierden el interés por el sexo en algún momento de su vida. La sexualidad es una energía muy poderosa que fluye por todo el cuerpo y se expresa de muchas formas: fantasías, coqueteos, caricias… Cuando notas que el deseo falta de forma continua, vale la pena detenerse a ver qué está pasando. Porque el sexo, además de una necesidad, es una forma de expresar amor… y por eso es tan importante no dejar que se mueran los besos.